Una vez acabada la famosa trilogía de Millennium, tocaba volver a cambiar de estilo literario y nada mejor que leerse una biografía de uno de los iconos roqueros por excelencia, míster Keith Richards que hace unos días cumplía los 66 años. A buen seguro muchos hace 40 años hubieran apostado que no llegaba a esa edad ni en broma, y que en el 2009 ya llevaría una temporada criando malvas, pero aquí lo tenemos con un rostro plagado de arrugas, con miles de anécdotas a su espalda y sobre todo con un legado musical que no admite discusión, quizá hasta en el 2010 podamos volver a verlo en una nueva gira con los Stones. Así que mientras también se anuncia para el año próximo una autobiografía escrita a dúo con un tal James Fox, tarea nada fácil a tenor de las propias declaraciones de Kiff: "Estoy tratando de recodar cosas...pero es muy difícil recordarlo todo".
O sea que de momento conformémonos con este "Keith Richards: Biografía desautorizada" Un buen libro pero con unos cuantos "peros". Supongo que la coletilla de "desautorizada" como estrategia de marketing funcionará, pero a un nivel real la cosa no es para tanto, a fin de cuentas el libro es un recorrido en orden cronológico por la vida de Keith desde la infancia hasta el año 2002 y gran parte del mismo son declaraciones o entrevistas del propio protagonista, allegados o personas que compartieron experiencias en un momento puntual. Por supuesto hay sexo, drogas y rocanroll con todos sus excesos, pero eso no es novedad. Para quienes se hayan leído otras obras sobre su banda de siempre como "Rolling Stones: Los viejos dioses nunca mueren" pues encontraran que algunas de las historias contadas vuelven a aparecer aquí (su encuentro con uno de sus ídolos Muddy Waters, en los míticos Chess estudios de Chicago y el impacto que produjo en el joven músico ver a quien él consideraba el rey del blues pintando el techo de los estudios, pues apenas vendía discos en esa época. O la historia de la creación del riff de "Satisfaction") cosa lógica por otro lado teniendo en cuenta que es imposible disociar a Keith de los Stones.

Y quizá el punto más pobre del libro es el apartado fotográfico, apenas una treintena de fotografías tantas como capítulos cuenta el libro y eso que hay alguna graciosa como ese Keith ataviado de vaquero con un "colt" colgado al hombro, del día que hizo realidad uno de sus sueños de infancia alquilar un rancho y pegar unos tiros como el Roy Rogers que tanto admiraba de niño.

De todas maneras cualquier fan de este hombre o su banda quedará plenamente satisfecho con este libro, que deja bastante clara la ilusión de los principios, la progresión de Keith como músico pasando de imitar a sus ídolos a una fase creativa, aunque ese regusto por el reggae nunca me haya convencido, su manera de respirar el rock todos los días, las enormes ganas de salir de gira siempre incluso en los peores a nivel interno de la banda en los setenta y ochenta. Lo balsámico que resulto la grabación de "Steel wheels" con un viaje a Marruecos y un sentido homenaje a Brian Jones incluido. Pero sobre todo este disco marcó el regreso a los escenarios tras siete años, entrando en la bendita rueda de disco gira mastodóntica que esperamos sea de nuevo realidad en unos meses.

Para acabar lo mejor es que Kiff nos deleite con sus encantadoras declaraciones, el libro rebosa aquí quedan un par que me hicieron especial  gracia, en la primera convirtiéndose en apóstol del R&R y en la segunda plasmando su filosofía sobre la creación musical.

 

"Aunque la primera oleada del rock and roll ya había pasado, no íbamos a dejar al muy cabrón que se escapara. Sólo tengo dieciocho años, y la gente ya ha dejado  de escuchar esta música, ¡la que ha iluminado mi vida! De un modo u otro tenía que mantener viva la llama"

"La gente dice que escribe canciones, pero en cierto  modo eres algo parecido a un médium. Tengo la sensación de que todas las canciones del mundo están flotando por ahí, y tú tienes una antena o lo que sea."