Pasados unos años y volviendo a releer "Los viejos dioses nunca mueren" una más o quizás la mejor de las biografías de los Rolling Stones a día de hoy, aunque en un futuro seguro que se publicarán muchas más. Uno puede realizar un viaje de atrás hacia delante en el tiempo a través de casi medio siglo de correrías de sus satánicas majestades: anécdotas, canciones, viajes, conciertos, encuentros con la ley, negocios... una vorágine de sucesos propia de unos Tótems del Rock ´n´roll. Personalmente mis Stones favoritos han sido los de la primera mitad de los setenta "Sticky fingers", "Exile on main street" o "Goats head soup" son discos tremendos. Pero si una cosa ha provocado esta relectura en sus primeros capítulos es recuperar a los Stones más primigenios, aquellos que se dedicaban a realizar una tras otra versiones de sus ídolos Muddy Waters, Chuck Berry o Rufus Thomas entre otros. Como bien cuenta el libro se dieron cuenta que no podrían seguir sacando sólo discos de "covers" y poco a poco empezarían a crear sus primeras canciones originales.
Los Stones de Brian Jones, el líder destronado, el querubín rubio que era quien probablemente más creía en la banda en sus inicios, su guitarra, mandolina, sitar, tambura, piano, dulcimer, mellotron, armónica nos quedaran por siempre bien presentes en sus primeros discos de los sesenta "12x5", "Aftermath" o "Their satanic majesties request"...Una etapa con temas en general mucho más desconocidos para el gran público. De seguir vivo sin duda a estas alturas tendría una biografía de escándalos incomparable, era el que llevaba un estilo de vida más genuinamente rock ´n´roll, plagada de sexo y excesos, baste esa anécdota escabrosa de chica "presuntamente" azotada y violada por el rubio, cuando la chica hablo de ir a la policía. La solución fue que uno de los encargados de equipo ingleses, Mike Dorsey le pego una paliza a Brian y le partió dos costillas. Inventándose la historia de que se había caído mientras hacía kárate en la piscina del motel. Para salvaguardarlo de males mayores o sea acabar en prisión.
El otro día en casa revise uno de los documentos de esta etapa que menos se suelen citar la película "One + One" de Jean-Luc Godard, que años después sería rebautizada con el probablemente más acertado título de "Sympathy for the devil".

Una cinta en la que el prestigioso cineasta francés nos ofrece una película de fragmentos o secuencias con dos partes bien diferenciadas, una dedicada a los Rolling Stones y la otra bastante inclasificable, carece de hilo narrativo y es bastante delirante lo mismo podemos asistir a la molesta presencia de una señorita haciendo pintadas por Londres, que visionar escenas de un grupo de negros en una especie de chatarrería al lado del Támesis, donde además de coches desvencijados se apilan armas y en ocasiones hasta chicas blancas amenazadas a punta de fusil y para colofón tenemos hasta una entrevista en el bosque títulada "Todo sobre Eva" tan aburrida y pretenciosa como todos estos segmentos anteriores que se van intercalando con lo mejor de la cinta, los cinco Roling Stones originales en estudio y en pleno proceso creativo. La idea original de Godard no era mala consistía en filmar dos películas diferentes: por un lado el documental de los Stones y por otro lado esas fantasías anti burguesas tan propias de la época no olvidemos que estamos en 1968 y editarlas conjuntamente por separado: de ahí el nombre uno + uno, pero al final la cosa degenero y sí tenemos lo mismo, pero intercalando escenas con lo cual se rompe el ritmo. Y la parte "política" es un rollo si por mí fuera ya se podían ahorrar esos cincuenta minutos de presunto cine revolucionario y "progresista" que se hacen realmente insufribles. En cuanto a lo que nos interesa asistir al proceso de creación de una de las canciones más míticas de los Stones "Sympathy for the devil" es una gozada. Si por mí fuera ya se podían ahorrar esos cincuenta minutos de presunto cine revolucionario y "progresista" y dejar sólo la parte de los Stones tras el mayo francés viendo como se comportaban en estudio y entre sí, fueron si no me equivocó cuatro días los que se filmaron. Desde ese inicio con Jagger y Jones guitarras acústicas a la inmediata llegada de Richards con sus gafas de sol para asistir al parto acústico de la canción. Charlie Watts buscando una entrada al tema, con la complicidad de Keith Richards que toca en esta ocasión el bajo eléctrico descalzo, mientras Bill Wyman igual de soso que siempre y con un cantón jersey rosa se limita a tocar las maracas y Brian Jones la mayor parte del tiempo en un espacio acotado rasgando su guitarra. Y por supuesto también podremos ver parte de la mitología stoniana en forma de mujer, o sea Anita Pallenberg y Marianne Faithfull haciendo los míticos coros del tema. Una bonita forma de hacerse una idea de cómo trabajaban estos tipos hace más de cuarenta años.
Aquí queda un fragmento de la película, puro Stones del 68, Jagger cigarro en mano canta "Sympathy for the devil", Keith Richards toca el bajo, Brian Jones de espaldas la guitarra, Charlie la batería y el insípido Wyman a las maracas.

Blog creado el 23 de Agosto de 2005 en Barcelona.
Idea original, secciones y reportajes: Manu y Nur.
12 jul 2009 | 09:41 PM
Aitor
Joder, tengo que ver esa cinta. Por cierto, hoy en El País anunciaban una biografía "no autorizada" de Keith Richards, de la misma editorial que las bios de Wood, Clapton, Dilan, AC/DC...
14 jul 2009 | 09:16 PM
manurhill
Aitor, los minutos stonianos son lo único salvable, otra para la colección, tengo que investigar si hay alguna de Brian Jones porque este también era un salvaje rock star.
Saludos
20 jul 2009 | 12:29 AM
kar
no hace mucho se reestrenó, creo... pero es que tiene una pinta chunga, chunga. Supongo que la parte documental stoniana puede ser canela, y el resto, una de esas razones por las que se inventó el botón FF en el mando a distancia
20 jul 2009 | 11:05 AM
manurhill
Lo del botón FF es sin duda la mejor solución a menos que uno sea un gafapasta defensor de corrientes cinematográficas y politicas muy intelectualoides.
Saludos
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