Y para acabar el mes de noviembre otra de esas agradables películas de ciencia ficción de los setenta "Capricornio uno" dirigida por el veterano Peter Hyams, cuyo mayor logró probablemente haya sido el remake de "Solo ante el peligro" en versión espacial, me estoy refiriendo a "Atmósfera cero" con el gran Sean Connery como Sheriff abandonado por todos en una lejana colonia minera donde la droga causa estragos. Pero volviendo a "Capricornio Uno" de la que guardaba un grato recuerdo sobre todo de esa escena final, aunque no recordaba que era mitad a velocidad normal, mitad a ralentí. Viéndola ahora quizás su mayor defecto sea que le falta un poco de ritmo sobre todo en su primera hora y una mayor tensión en determinados momentos, pero aún así no deja de ser agradable revisitar de nuevo el DVD y descubrir pequeños detalles que ya se habían perdido en la memoria.

La sinopsis desde luego parece extraída de uno de esos programas de Iker Jiménez, donde toda teoria conspiratoria es bien recibida, y si en el programa de este señor ya se había especulado sobre la llegada o no del hombre a la Luna. Aquí sustituyamos ese satélite llamado Luna por el más lejano planeta Marte y ya iríamos encaminados.

La historia nos cuenta la primera misión tripulada a Marte. Sin embargo la NASA descubre unas serie de defectos en el diseño de un sistema de soporte de vida, que habrían provocado la muerte de los astronautas de llevarse a cabo la misión, pero el caso es que el proyecto ha costado la fabulosa cifra de 20.000 millones de dólares y ante el temor de que el Congreso paralice la misión, ante un retraso de meses y el coste adicional de reparar el sistema de soporte de vida. A algunos cerebros de la NASA se les ocurre una brillante idea, justo antes del lanzamiento del cohete, la tripulación es retirada de la nave y llevada a una vieja base militar en el desierto de Sonora, para rodar en un estudio el aterrizaje en Marte.

¿Qué los astronautas no están de acuerdo? Se les amenaza con liquidar a sus familias y asunto terminado. Durante ocho meses nuestros protagonistas permanecen retenidos a la fuerza. En la NASA sólo están al corriente de la verdad unos cuantos gerifaltes, sin embargo un técnico anuncia que ha notado algo que es imposible, que las transmisiones de televisión están llegando antes que la telemetría de la nave – “Es casi como si ellos estuvieran más cerca… pero esas señales no pueden venir desde unas 300 millas” le dice a su amigo periodista. Poco después el técnico desaparece misteriosamente y ya tenemos al sabueso periodista metiéndose de lleno en una peligrosa investigación.

Dejando de lado algún agujero de guión como lo díficil que debe ser engañar a tantos técnicos de la NASA, o como en ocho meses nuestros astronautas son incapaces de darse cuenta de que una vez concluida la misión su vida no vale un pimiento y lo más fácil es que los maten, no sea que vayan a contar la verdad de los sucedido. Tenemos una entretenida cinta con dos frentes que acaban confluyendo de un lado el trío de astronautas donde está James Brolin, O.J Simpson (primer astronáuta negro) luego en la vida real sería famoso por temas más macabrosy Sam Waterson. Mientras que el periodista es Elliot Gould (primer marido de B. Streisand) el segundo curiosamente es James Brolin. Pero también aparecen en la cinta un par de personajes entrañables para los que crecimos con las series de TVE en los setenta el calvo Kojak ¿quién no se acuerda de los chupa chups Kojak?

Aquí como un cachondo piloto de aviones que se dedica al triste negocio de fumigar campos de cultivo, aunque por otro lado ¿qué cultivos puede haber en el desierto de Sonora y aledaños? Y también aparece como duro redactor jefe de periódico el entrañable Bosley, el rostro simpático y masculino de "Los ángeles de Charlie".

La segunda hora de película es bastante mejor que la primera, no sólo tenemos unas cuantas escenas de acción que animan el cotarro "el coche sin frenos", "la huída en avión" o sobre todo esa persecución aérea entre un pobre biplano y un imposible tercer ocupante con todas las piruetas que da y esos dos helicópteros del ejército empeñados en acabar con los molestos astronautas.

Bonitos detalles; los diálogos entre el periodista y su jefe cargados de ironía en la mejor tradición de la comedia americana, la forma de comunicación entre los tres astronautas con sus bengalas símbolo de que para ellos ha llegado el final, la forma de camuflarse de Brubaker (alias James Brolin) de las que luego se adueñaría Rambo en los ochenta.

Incluso esa escena un tanto desagradable de Brubaker comiéndose una serpiente de cascabel en crudo y sin aliñar. O esa especie de tributo disimulado a la inmensa "El planeta de los simios" con tres astroanutas en un ambiente hóstil, aquí en lugar de simios tenemos pájaros de hierro que han salido a cazarlos pero el objetivo final es el mismo eliminar a aquellos que pueden hacer temblar los cimientos del poder. Sin ser ninguna joya, es una agradable cinta mucho mejor que muchos estrenos actuales.