Cómo quien no quiere la cosa nuestro protagonista de hoy pese a esta foto en la que se nos muestra bastante irreconocible y un cierto aire de eterno adolescente que siempre ha conservado, tiene ya 52 años. Y una carrera coherente, con discos más buenos que otros, pero siempre con buenos temas con un aroma años 50. Pero si hay que elegir uno, no puede ser otro que este "Forever blue", su mejor obra, cuarenta minutos de música impagables.

Al bueno de Chris Isaak casi le cojo manía de tanto que lo tuve que escuchar, tenía un amigo que sólo escuchaba el CD de "Heart shaped World" en su coche, así que no puedo olvidar aquel verano en La Coruña, y Chris Isaak como banda sonora de nuestros viajes en coche.


Pero el que nos ocupa es un disco que pese a rockear en algunos momentos como la inicial y palpitante "Baby did a bad thing", "Goin´ Nowhere" o la increíble "Go walking down there" aquí queda el video:

Pero el álbum está mayormente dominado por unos temas que tienen un aire melancólico tremendo, quizás no sea el tipo de música que ayude a salir de una depresión o ruptura amorosa. "Forever blue", es una canción que es pura tristeza conseguida solo con su voz y unas guitarras acústicas, "Graduation day", "Shadows in a mirror", "Changed your mind" que parece más susurrada que cantada, o la final ""The end of everything" temas todos ellos inspirados al parecer en la dolorosa ruptura con su novia de por entonces y con unos títulos que dejan pocas dudas. Únicamente "I believe" me parece un tema que respira un poco de felicidad o mejor dicho optimismo. Un disco de los noventa con lo mejor de los cincuenta, con un tipo honesto y al que tengo unas enormes ganas de ver algún día en vivo ya sea con su chaqueta de espejos o sus trajes rosa, porque eso si es glamour.