Dediquémosle un pequeño post, a una de las siete Maravillas del Mundo Antiguo. No es la más famosa, ni siquiera la que ha generado más literatura o controversia, para eso ya están las pirámides. Pero aún así el Coloso de Rodas, también tiene sus propias leyendas, que mucha gente ha tomado como algo real, quizás porque admitámoslo la leyenda popular es más bonita que la realidad.

Pero nuestro protagonista también ha servido de fuente de inspiración para otras artes, desde el cine, con una película de título muy original “El coloso de Rodas”, típico peplum europeo en época de un Hollywood en horas bajas, que sin embargo a uno le resulta agradable, por una serie de pequeños y entrañables detalles.

Como el hecho de que fue la primera película que al menos en parte dirigió el gran “Sergio Leone” aunque su particular estilo no hace mucho acto de presencia que digamos. O su localización, por arte de magia el puerto de Laredo en Santander se convierte en la mediterránea isla de Rodas, cosas del cine. Impagable esta foto con una maqueta de veinte metros de altura y algo tan tipico de nuestro pais como dos señoras con pañoleta y el seiscientos. Por no hablar del nulo carisma de todos sus actores americanos y europeos serie B, de la autentica.. O la propia imagen del Coloso que no se ajusta a la realidad pero que da el pego. Si cogemos el mundo de la pintura, nuestro Salvador Dalí nos plasmo en 1954 su visión particular del coloso, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, desde los materiales de la estatua al imposible movimiento del que hace gala, aun así es precioso.

Incluso el mundo del cómic se inspiró en esa Antigua Maravilla, fue de nuevo en nuestro país en 1960, Manuel López transmuto la figura del Coloso de Rodas a carne y hueso, creando un héroe como todos dispuesto a hacer justicia y que más tarde cambiaría su nombre por el de “El príncipe de “Rodas”, desconozco el motivo de tal cambio.

E incluso en literatura Caroline Lawrence utiliza la figura del coloso en uno de sus libros juveniles sobre Roma. Nos falta eso sí el mundo de la música, con algún grupo musical digamos estilo “Manowar” dedicándole un tema a nuestro protagonista, pero todo llegará.

Cual es la realidad del Coloso de Rodas, pues que los habitantes de la isla de Rodas tras resistir los ataques del ejército de Demetrio con 40.000 hombres, y un gran número de catapultas y armamento, como suele suceder en el mundo antiguo decidieron erigir un monumento a su victoria. Y fue una estatua elaborada según la leyenda con buena parte del bronce del ejército derrotado. Como modelo eligieron la figura del dios griego del sol Helios y encargándole la obra a Cares de Lindos iniciaron la construcción de la estatua hacia el 294 antes de Cristo, tardaron la friolera de doce años en acabar la obra. Una vez acabada al parecer alcanzó una altura de unos 33 metros. Probablemente la estatua fuese muy similar a la actual estatua de la Libertad con un brazo pegado al cuerpo y otro sosteniendo una antorcha estilo faro. Lo seguro es que su vida fue efímera 56 años, un terremoto provoco que la estatua se rompiese por las rodillas cayendo al suelo.

Las leyendas hablan de cosas como que la estatua estaba en la entrada del puerto de Rodas y que bajo sus piernas pasaban los barcos, pero es fantasía pese a multitud de reproducciones en este sentido la anchura del puerto de Rodas es de unos 400 metros con lo que la estatua hubiera tenido un tamaño descomunal. Y la otra versión de que se sostenía sobre dos pilares a la entrada del puerto es técnicamente imposible para la época. Asimismo se ha especulado sobre en qué lugar se hallan los restos de la estatua tras el terremoto, si en el fondo del mar o ya no hay restos. La realidad es que “El coloso” por lo que se sabe estaba cerca del puerto pero no en lo que hoy llamaríamos primera línea de mar, tras el terremoto los restos quedaron diseminados por el suelo, los habitantes de Rodas según cuenta la tradición consultaron el oráculo, (como Neo), el cual les aconsejo que no la reconstruyesen. Los restos permanecieron en tierra hasta el año 692 de nuestra era cuando la isla ya estaba en poder de los árabes y estos vendieron el metal, sin la oposición de los isleños que ya no creían en viejos dioses.