Hay estadísticas de todo en este mundo. En ocasiones nos sorprenden por sus datos y en otras, las aceptamos como próximas a la realidad. Hoy aparece en todos los diarios una de las ultimas. El índice de lectura en España, se destaca enun estudioque el índice de lectura del 56,9 por ciento de la población corresponde a casi 22 millones de personas, que leen una media anual de 8,6 libros. Frente a un 43,1 que no leen nunca o casi nunca un libro. Me llena de orgullo y satisfacción como diría nuestro “querido” monarca ver que aunque alejados de Europa, como dirían expertos en otras materias vamos “convergiendo”. Además tendría que encuadrarme en el grupo de los lectores más compulsivossuperando ampliamente esos 8,6 libros de media de los lectores, aunque claro no se cuantifica el tamaño de la obrasi es que importa o la calidad de la misma otro término cuestionable.

Todo esto viene más que nada porque en la última semana puse en práctica un nuevo plan de lectura, aprovechar los tiempos de viaje en transporte público, para leer libros, (nada original) pero una forma de aprovechar el tiempo.

Así que decidí empezar por libros de escaso grosor y la cosa no ha ido mal, en una semana tres libros, breves pero libros al fin y al cabo.

Que satisfacción produce ayudar al país a acercarse a Europa a nivel lectura,y como decia un amigo "siempre hay que coger culturilla". La semana comenzó con Paul Auster y su “Conte de Nadal de l´ Auggie Wren” , solo 58 páginas y unas cuantas ilustraciones que hacen que en media hora te leas esta breve historia que invita a acercarse a ver una inédita película para mi “Smoke” con el amigo Harvey Keitel. Después le llego la hora a una pequeña aproximación antropológica y sociológica a la ciencia y la brujería en África, aunque pueda parecerlo no es un libro “plomo”, incluso en algunos momentos, algunas de esas tribus africanas me recordaron a nuestra sociedad europea de una época pretérita o no tanto. Por lo leido allí si un rayo cae sobre una persona, no se atribuye al azar como haríamos aquí, incapaces de dar una respuesta científica satisfactoria al menos al 100%. En muchas zonas del África negra, la razón de esta indudable desgracia seria porque alguien de la tribu o del poblado le tenía echado una especie de “mal de ojo” a la víctima. Parece claro de todas formas que a medida que la ciencia avanza, todas las patrañas de la brujería pierden terreno en todas partes del mundo, pero siempre queda un porcentaje de cosas que la ciencia no es capaz de explicar, al menos por ahora, de las que la brujería o “incultura”, siempre se nutrir, tampoco hace falta irse a África, cada dia en los diarios tenemos una ciencia tan exacta como lade loshoroscopos.

Y para acabar la semana que mejor que unas memorias muy particulares, lasde Groucho Marx, llenas de ironía, con un sentido del humor absurdo y con bastante ingenio. Libro de facil lectura sus 190 páginas vuelan, mientras el difunto hace un repaso a algunas de las situaciones o anécdotas por las que paso a lo largo de su vida, le saca jugo a las costumbres sociales o se explaya en darnos su particular visión de la Historia desde la época de las cavernas hasta la actualidad.

Si hay un elemento con mayor peso en este libro ese son las mujeres una de sus debilidades y a la vez fuente de inspiración. He aqui un parrafo del libro muestra de lo que el lector se puede encontrar:

"Un hombre de mi posición (horizontal, en estos momentos) suele oír extrañas cosas sobre sí mismo. Por ejemplo, hace unos años círculo el rumor de que me emborrachaba bebiendo champan en un zapato de Sofía Loren. Tal insensatez no era más que un chisme calumnioso e infamante. No me importa admitir que trate de beber el espumoso vino en uno de sus zapatos, pero el caso es que ella no quiso quitárselo del pie, de modo que, aprovechando que no miraba, me lo bebí de su monedero de charol. Por cierto que estuve a punto de ahogarme con su lápiz de labios, que me trague, sin querer con su champan."

Ademástodo ello sazonado de graciosos dibujos de este genio de lo absurdo, con bigote de tela, por el que sentía gran devoción el inigualable Freddie Mercury, como se puede comprobar por los títulos de nuestros queridos Queen, quienes por cierto alcanzada la fama no perdieron la oportunidad de conocer a Groucho, encantado de ser adorado por unos peludos rockeros.