Aunque pueda parecer lo contrario, este post no tiene nada que ver con la comedia romántica de Willyam Wyler; en realidad, nos hemos trasladado por unos días a recorrer esos rincones que en su día fueron escenario de las aventuras de Audrey Hepburn y Gregory Peck y esto es lo que nos hemos encontrado.



Al parecer, la bella y antigua Roma ha sido el destino de moda este inusual verano de 2007, el hecho de que algunas compañías aereas low cost la incluyeran entre sus destinos y a precios realmente ridículos (90€ i/v tasas incluídas) ha convertido Roma en una ciudad atestada de turistas hasta lo inimaginable. Como consecuencia, algunos de los miles de visitantes han tenido que sufrir retrasos en sus vuelos, pérdidas o deterioros del equipaje y colas interminables bajo un sol abrasador en los lugares más turísticos. La opinión general más leída es que "Roma está muy sucia", es cierto, lo reconozco, pero es casi imposible mantener limpias unas calles por las que pasean, comen pizza, beben, fuman y toman gelato, tantos y tantos visitantes. De hecho,el sábado a media noche, presenciamos como una pareja de carabinieri (o quizás policía local) iba apartando a los turistas congregados en la preciosa Fontana di Trevi a golpe de silbato, con el único objetivo de que los servicios de limpieza pudieran simplemente barrer (por encima) cantidades ingentes de desperdicios. La crítica no me parece justa, pues no es más pulcro el que más limpia sino el que menos ensucia, por eso si hay que ponerle mala nota a alguien, nos toca a los turistas.

Los más impresionante de la ciudad es la cantidad de majestuosos edificios y monumentos que la decoran, pasear por sus calles de incómodos adoquines atravesando un sinfín de piazzas y fuentes es una verdadera delicia, sin olvidarnos de la maravillosa huella histórica que dejaron allí los antepasados romanos, el coliseo, los templos, los foros, restos de columnas, capiteles, frontisas, esculturas y lápidas; por todas partes encontramos ruinas y restos que documentan sobradamente la vida de los antiguos romanos. Sorprenden las enormes construcciones, y la dificultad para edificar sin la maquinaria que conocemos hoy día, y cómo su robustez y grandiosidad se mantiene (en parte) más de 2000 años después.
En Roma lo que no faltan son iglesias las hay de todos los tamaños y estilos, decoradas con frescos, techos imposibles, llenas de retablos y obras de arte; en muchas de ellas, el visitante se queda sin habla al contemplar semejante derroche de fastuosidad. Eso sí, para entrar en cualquier lugar sagrado se recomienda vestuario apropiado, nada de hombros y pantorrillas descubiertos, está claro que el cuerpo humano en carne y hueso ofende al clero. No pasa lo mismo con las obras de arte, muchas de ellas muestran desnudos sin ningún tipo de pudor, todo esto a casi 40º C es como mínimo incongruente y disparatado.
Buscando algo de sombra, se pueden visitar parques y jardines alrededor de la città, situados sobre suaves colinas que permiten obtener unas vistas maravillosas de Roma, la Villa Borghese y el Parco Gianicolense con su monumento a Garibaldi son algunos ejemplos. Y para recuperar el alientoy reponer fuerzas nada mejor que el Trastevere, un breve recorrido por el barrio judio y solo en la calle Lungaretta encontramos una amplia oferta de ristorantes, trattorias, pizzerias y osterias para degustar la deliciosa cocina italiana.




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