Uno de los mejores temas de los Guns en los noventa, con un video clip que costó la friolera de 1.500.000 dólares de la época (1993), y con un guión más propio de un esquizofrénico que no de un sesudo guionista. Desde el inicio con el asalto a la casa de nuestra estrella por parte de la policía, hasta todo el posterior e incomprensible desarrollo, más policías ahora de blanco, delfines que rescatan al héroe, imágenes del concierto en Alemania y demás escenas que suponen un canto a la megalomanía más absoluta de nuestro adorado Axl Rose. Un video clip digno de ser desmenuzado en las Universidades de Psicología más concienzudas del orbe terráqueo.